Final de intercambio en La Salle

A tan solo unos días de finalizar mi paso por La Salle, echo la mirada atrás y tengo esa doble sensación de que ha pasado mucho tiempo y a la vez nada. Parece que fue ayer cuando escribía mis primeras impresiones en este blog a solo unos días de aterrizar en Distrito Federal, cuando aún ni conocía la universidad en la que iba a estudiar,  y aunque ahora ya estoy con un pie casi en el avión de regreso a España, han sido tantas las vivencias y tan largo el aprendizaje que vuelvo sintiéndome años más viejo.

Fue superar el shock cultural de los primeros días, comenzar a disfrutar de la gran oferta de comida en la calle y sentirme 100% integrado. No en vano creo que he centrado un 40% de mi tiempo aquí comiendo o pensando en qué comer. Y es que, si hay algo de lo que hable siempre con la gente del otro lado del atlántico, es de la comida: tacos, quesadillas, tlacoyos, enchiladas, cochinita pibil y un sin fin de delicias que te hacen acordarte de la báscula con cierto sentimiento de culpa. En mi caso, siempre he creído que la comida es el camino a la felicidad, por ello aquí estoy radiante de felicidad en todo momento.

Peterlu Nieto en Monterrey

Obviamente, muchas cosas han cambiado desde aquel texto con el que inauguraba mi estancia en México. Desde entonces he descubierto lugares exóticos, naturaleza exuberante y ruinas inimaginables. Además, como soy de los de “allá donde fueres haz lo que vieres”, me he aventurado a comer de las cosas más estrambóticas que me he encontrado por el camino, ¡desearía ver la cara de familiares y amigos cada vez que les cuento sobre el pulque y su textura o, aun peor, sobre lo que son los chapulines, los escamoles o el gusano del maguey!. Aunque no debiera hacerlo público, también he cambiado el vino tinto por el mezcal y el tequila, eso sí no con la misma frecuencia. Pero sobre todo lo anterior, de los mejores recuerdos que puedo llevarme en la maleta es el conocido infinidad de personas maravillosas que, a pesar de la distancia, siempre ocuparan un lugar importante en mi corazón.

México parece que no quiere dejar nunca de sorprenderme, no solo con sus paisajes sino también con la sencillez y nobleza de sus gentes o con su cultura, que es un amalgama tan complejo cuyo resultado consigue que, cada vez que visitas una nueva ciudad, te descubras degustando una versión distinta de mole, o viendo una danza ancestral que solo conocen en ese lugar.

Esta maravillosa ciudad se ha convertido en muy poco tiempo en mi segunda casa y espero regresar muy pronto. ¡Viva México!DSC04987 copy

One Comment

  1. Qué bonito Pedro!! de verdad que me alegro muchísimo por ti y de que lo estés disfrutando taanto.
    Cuando vuelvas haremos alguna comida de las que hablas que yo también pienso que la comida es el camino a la felicidad (y lo sabes).
    Te echamos de menos, cuídate mucho y sigue así de guapo y de ar-tis-ta!
    Un besazo muy grande!

Deja un comentario