Primer año desde el gran cambio, 365 días en México DF

Peterlu89

Exactamente hoy, cumplo un año en la bella ciudad de México. Justo ahora, a las 9pm de un frío 9 de enero aterrizaba y era recogido por Juan y Paul para ir directos a La Lavandería, a probar por primera vez en m vida el mezcal. La bebida que luego me ha acompañado en tantos momentos especiales este año me aterrorizó en primera instancia, porque las rodajas de naranja que lo acompañan iban con un topping demasiado exótico para mis escasos minutos en este país: sal de gusano. Y sí, se llama “de gusano” porque realmente su base es gusano molido… Pero me enseñaron desde pequeño que allí donde fueres haz lo que vieres, por lo que callé, comí y disfruté.

De ahí fuimos a un restaurante con sabor un tanto español, llamado El Pecado de Noé, supongo que para compensar el trance de la sal de gusano. Me sentí como en casa hasta con la gente que apenas acababa de conocer. Hasta el punto en que cantamos canciones de Miguel Bosé en el escenario para el deleite del escaso público que quedaba a esas horas en el local. En ese preciso instante, entrenando mi paladar a los vinos de Querétaro, me iba dando cuenta que mi experiencia mexicana iba a ser mucho más especial de lo que inicialmente tenía en mente. Y a día de hoy creo que no me he equivocado.

En ocasiones México, o el mexicano, te ofrece incluso más de lo que puede dar, y tal vez me cuesta a veces manejar esto y las expectativas que genera, pero es cierto. Aún así, me he enamorado aún más de este país y su amalgama de culturas, y más concretamente de esta ciudad y su ritmo de vida.

En solo un año he pasado de ser estudiante que solo coordinaba sus propias fiestas, a coordinar las relaciones públicas de un grupo de actores muy interesantes. Este año, he ido a España y he vuelto porque he sentido que donde realmente esta mi casa por ahora, es en mi México lindo.

He pasado por primera vez las navidades fuera de casa y he descubierto qué, no importa los miles de kilómetros de distancia, tu familia siempre se encuentra justo a tu lado. Y también, que nunca hay que temer lo que venga en el camino, porque siempre consigues hacerte con una familia adoptiva maravillosa que te acoge de brazos abiertos para los buenos tiempos o los malos, como lo hace la familia Mateos, cuya casa se convierte de cuando en cuando en mi refugio hogareño en este país mexicano.

También, la brecha de la distancia te hace valorar aún más los amigos, que consiguen hacerse presentes aunque sea solo por unos minutos al día y aunque pasen cada vez más meses sin vernos. Realmente soy una persona desapegada pero me agrada ver que tanto aquí, como allí siempre hay una constancia en las personitas imprescindibles con las que me gusta compartir mi vida.

Apenas hace unos minutos repasaba mis primeras impresiones de este lugar, y me doy cuenta cuanto se ha ido modificando en mi mente la imagen de esta apasionante ciudad, la cual me parecía una inconmensurable urbe imposible de domar y que día a día se va convirtiendo más en mi hogar, dejándome desvelar poquito a poquito, los cientos de secretos que esconde.

Tal vez haya perdido un poco la inocencia con la que miraba todo a mi alrededor según llegué, pero todo es parte de el aprendizaje que conlleva la independencia fuera de tu zona de confort, los desafíos, las decepciones, las subidas y bajadas. Agradezco a México concederme la oportunidad de vivir en sus entrañas este año de transición entre el Pedro estudiante y el profesional. Agradezco hoy también su contraste que tanto me ha llamado la atención, por concederme siempre un doble punto de vista, por enseñarme a escuchar y valorar a los distintos méxicos con los que convivo.

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